El espanto y el lucro
¿Por qué la cuestión ecológica, durante tanto tiempo negada o minimizada, ocupa nuevamente el centro de las preocupaciones de los dirigentes políticos, de los medios de comunicación y de los ciudadanos? ¿Por qué problemas que parecían insolubles encuentran de repente una respuesta?
Sin duda, lo primero fue el incansable trabajo de alerta de organizaciones ecologistas basado en informes científicos; en especial, la decidida acción de los fundadores de la ecología moderna, agrupados en el Club de Roma, que en 1970 publicaron un resonante informe inaugural que despertaría las conciencias del planeta.
En Francia, desde 1974, René Dumont, el primer candidato ecologista en elecciones presidenciales, hizo que toda una generación tomara conciencia de la limitación de los recursos naturales y de los riesgos de un crecimiento económico exponencial. Después apareció el decisivo Informe Brundtland, que en 1988 publicó la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, presidida por la señora Gro Harlem Brundtland, con el título de Nuestro futuro común. Ese informe introdujo la noción de “desarrollo sostenible”, que habría de popularizarse tanto. Luego, con la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, se aceleró la toma de conciencia colectiva. En aquella ocasión se supo que la población mundial crece a un ritmo sin precedentes: somos 6.500 millones, cifra que sólo se estabilizará, hacia 2050, en alrededor de 10.000 millones.
Ahora bien, como varios artículos del presente Atlas del medio ambiente explican, si todo ser humano mantuviera el nivel de consumo de los terrícolas más ricos, el planeta apenas podría satisfacer las necesidades de unos 600 millones de individuos, dado que los recursos no son inagotables. En medio de una confusión entre crecimiento y desarrollo, prosigue la destrucción sistemática de la naturaleza, tanto en el Norte como en el Sur. Se suceden los saqueos de todo tipo infligidos a los suelos, al agua y a la atmósfera. Derroche energético, urbanización galopante, deforestación tropical, contaminación de las napas freáticas, de los mares y los ríos, adelgazamiento de la capa de ozono, lluvias ácidas… Todo ello, registrado con precisión en las páginas de este Atlas, pone en peligro el futuro de la humanidad.
Estas informaciones parecen haber provocado un saludable impacto colectivo en los últimos años. En especial gracias a la película de Al Gore, Una verdad incómoda. El ex vicepresidente de Estados Unidos nos recordó que la acumulación de gases de efecto invernadero podría provocar un aumento de 1 a 2ºC en la temperatura promedio del planeta y una elevación de 20 a 150 centímetros del nivel de los océanos. El dióxido de carbono (CO2), el principal gas causante del efecto invernadero, es responsable en un 65% del recalentamiento climático. Y, con el aporte de gigantes como China o la India, el CO2 se incrementa en unos 8.000 millones de toneladas cada año.
Tanto la amplitud como la duración futura de los aumentos de temperatura dependerán de la cantidad de gases de efecto invernadero que sigamos emitiendo, ya que las perturbaciones climáticas son más pronunciadas a medida que la temperatura se eleva. Y ello va acompañado de una frecuencia y violencia crecientes de los fenómenos meteorológicos extremos (temporales, diluvios, ciclones, canículas, sequías, desertificaciones), así como de una progresiva alteración climática que se extiende por todo el planeta. Si no se frenan las emisiones de gases de efecto invernadero, los desastres podrían alcanzar una gravedad excepcional.
La Conferencia de Berlín sobre el Clima, en abril de 1995, subrayó la idea de que el mercado no está capacitado para dar respuestas a los riesgos globales que pesan sobre el medio ambiente. De ahora en adelante, el imperativo es proteger la biodiversidad, la variedad de la vida, mediante el desarrollo sostenible.
Los países ricos –y en especial Estados Unidos, responsable de la mitad del gas carbónico emitido por los países industriales–, están obligados a respetar los compromisos suscritos en la Cumbre de la Tierra de Río, en 1992.
Si bien la Unión Europea se pronunció por una reducción de los gases de efecto invernadero poniendo como meta el año 2010, el Gobierno estadounidense sigue dándole largas al asunto y negándose a ratificar el Protocolo de Kioto –vigente desde febrero de 2005– que obliga a los 38 países industrializados a reducir en un 5,2% las emisiones de CO2 antes de 2012, tomando como base los registros de 1990.
Pero el vuelco de la opinión pública, espantada por la multiplicación de catástrofes naturales, ha impulsado a los Gobiernos, incluso a los más reticentes, a apostar por soluciones energéticas alternativas. Y más aún cuando en la actualidad el agotamiento de los hidrocarburos parece inevitable y las naciones ricas, por razones políticas y no ecológicas, querrían reducir su dependencia energética con respecto a los grandes países petroleros como Rusia, Irán, Irak o Venezuela.
Por lo tanto, el contexto favorece un cambio de modelo energético que los industriales del Norte parecen haber percibido y que, con la perspectiva de formidables beneficios, promete poner en marcha un nuevo ciclo económico: la economía verde.
¿Saldrá ganando el medio ambiente? Eso no es seguro, dado que ya se anuncia la construcción de cientos de nuevas centrales nucleares, que si bien producen poco CO2, conllevan otros peligros no menos mortales.
También la opción por los biocombustibles, bien acogida al principio, empieza a revelar efectos perversos. En principio, van a permitir mantener e incluso intensificar, con la conciencia tranquila, el nefasto modelo de “todo automóvil” o “todo camión”, con el pretexto de que los vehículos contaminarán menos. Además, provocarán una especulación desenfrenada con productos alimentarios básicos, como el azúcar o el maíz, utilizados para producir etanol. El precio del trigo y de la cebada ya ha aumentado entre un 70 y un 80% en menos de un año, y el del maíz se ha duplicado. La mayor demanda mundial de agrocombustibles requeriría que las superficies cultivadas aumentaran del 20 al 30%. Lo que es imposible, a menos que se provoquen terribles deforestaciones en la Amazonia o en la cuenca del Congo.
Como lo demuestra este Atlas, cambiar de modelo energético sin modificar el modelo económico significa correr el riesgo de que sólo se desplacen los problemas ecológicos. Pero ahora la opinión pública está atenta. Y terminará por imponer auténticas soluciones verdes.
Ignacio Ramonet
SUMARIO
1 | Las amenazas al planeta...
¿Qué hace falta leer?
Invertir la perspectiva
Imponer mundialmente el principio: contamina-paga
Está degradada la mitad de los suelos cultivables
Mañana, un viraje decisivo en la producción de petróleo
Otras formas de transportar las mercancías
Para liberarse del automóvil y del avión
Avanza la expansión urbana al estilo estadounidense
Conflicto y medio ambiente, el caso de Palestina
De Bhopal al “Erika”: época de catástrofes
La herencia envenenada del aparato nuclear soviético
El cambio climático altera el ciclo del carbono
La larga historia climática de nuestro planeta
Cuando los bosques emiten carbono en lugar de absorberlo
Desastre en los polos. Primer acto en Groenlandia
El recalentamiento altera el régimen de monzones
Los caprichos de El Niño, aquí sequía y allá diluvio
El siglo de los refugiados del medio ambiente
Nuevo clima, nuevo mapa agrícola
La pérdida de biodiversidad amenaza a la humanidad
Lenta reconstitución de la capa de ozono
El agua, del derroche a la escasez
Islas, costas y deltas bajo amenaza
Pesca de altura, violencia en los abismos marinos
Nanociencias, el vértigo de lo infinitamente pequeño
De Norte a Sur, enfermos por el medio ambiente
2 | …y lo que puede salvarlo
Del pueblo a la región y del Estado a Naciones Unidas
Kioto II, etapa crucial para el clima
¿Repliegue nacional o batalla internacional?
De cómo Suecia se transforma en una sociedad sin petróleo
Los “negavatios”, importante “yacimiento” energético
Energías renovables, el dinamismo indio
Agrocombustibles: ¿peor el remedio que la enfermedad?
Desarrollar alternativas al automóvil en la ciudad
Lyon-Turín, controvertido proyecto de “ferroutage”
Residuos: Saint-Philbert da ejemplo
Nueva York, pionera en la protección del agua
Friburgo, Växjö, Güssing: ciudades en red
Dongtan, el escaparate chino de las ecociudades
La arquitectura ecológica revoluciona la construcción
Hacia un cambio radical del modelo alimentario
En el Sur, dar prioridad a las energías renovables
ANEXO | El medio ambiente en España
(anexo elaborado por Greenpeace)
Introducción
Un recurso escaso degradado por elevados niveles de contaminación
Colapso urbanístico. Otro modelo es posible
100% renovable. Un modelo energético posible
Crecemos en basura
Los incendios del siglo XXI
Contaminación por hidrocarburos. Mares en peligro
Los autores de El Atlas medioambiental de Le Monde diplomatique
Claude Aubert (p. 92), ingeniero agrónomo especializado en agricultura biológica, coautor, junto a Nicolas Le Berre, de Faut-il être végétarien? Pour la santé et la planète, Terre vivante, Mens, 2007.
Chantal Aubry (pp. 54 y 80), periodista, autora de Deltas du monde, La Martinière, París, 2004.
Olivier Bailly (p. 28), periodista.
Dorothée Benoit-Browaeys (p. 60), periodista científica y delegada general de VivAgora (www.vivagora.org), coautora, junto a André Cicolella, de Alertes santé, Fayard, París, 2005.
Philippe Bovet (p. 82), periodista.
Colin Campbell (p. 18), geólogo miembro de la Association for the Study of Peak Oil. Autor de Oil Crisis, Multi-Science Publishing, Brentwood, 2005.
Denis Clodic (p. 50), director de investigaciones en la Escuela de Minas de París - Paris-Tech (Centro de Energía y Procesos).
Gretchen C. Daily (p. 84), profesora de biología en la Universidad de Stanford, encargada del Natural Capital Project, y coautora, junto a Katherine Ellison, de The New Economy of Nature: The Quest to Make Conservation Profitable, Island Press, Washington DC, 2002.
Annick Douguédroit (p. 38), climatóloga, profesora emérita en la Universidad de Provence (Aix-Marseille-I).
Dominique Dron (p. 46), profesora en la Escuela de Minas de París - París Tech (Centro de Energía y Procesos), autora de “Les enjeux d’un climat soutenable”, en Regards sur la terre 2007. Dossier énergie et changements climatiques, Presses de Sciences Po, París, 2006.
Frédéric Durand (pp. 36 y 42), catedrático HDR, Universidad Toulouse-II (Le Mirail), autor de La Jungle, la nation et le marché. Chronique indonésienne, L’Atalante, Nantes, 2001,
Katherine Ellison (p. 84), periodista y coautora, junto a Gretchen C. Daily, de The New Economy of Nature: The Quest to Make Conservation Profitable, Island Press, Washington DC, 2002.
Nadège Figarol (pp. 70 y 88), periodista.
Donatien Garnier (p. 44), periodista asociado al colectivo Argos (www.collectifargos.com).
Serge Janicot (p. 40), director de investigaciones en el Instituto de Investigación para el Desarrollo.
Jean Jouzel (p. 34), director de investigaciones en la Comisión de la Energía Atómica y director del Instituto Pierre-Simon-Laplace, coautor, con Anne Debroise, de Le Climat: jeu dangereux, Dunod, París, 2007.
Raphaël Kempf (p. 26), investigador del Centro Árabe de Investigación Social Aplicada (Mada Al-Carmel, Haïfa).
Marc Laimé (p. 52), periodista, autor de Le Dossier de l’eau. Pénurie, pollution, corruption, Seuil, París, 2003.
Gérard Magnin (p. 86), delegado general de Energie-Cités.
Rémi Parmentier (p. 56), director del Varda Group (www.vardagroup.org), consejo internacional de asesoría en medio ambiente, asesor político de la Deep Sea Conservation Coalition.
Sabine Rabourdin (p. 32), ingeniera en medio ambiente, autora de Changement climatique. Comprendre et agir, Delachaux et Niestlé, Lonay (Suiza), 2005.
Pierre Radanne (p. 66), experto independiente en políticas climáticas, autor de Energies de ton siècle! Des crises à la mutation, Lignes de repères, París, 2005.
Ignacio Ramonet (prólogo), director de Le Monde diplomatique en español.
Carole Rap (pp. 16 y 74), periodista.
Jean-Luc Redelsperger (p. 40), director de investigaciones en el CNRS, climatólogo y responsable del Programa Internacional sobre el Monzón Africano AMMA.
Anne Rialhe (pp. 20 y 22), doctora de la Escuela de Minas de París, ingeniera, ha trabajado en la cuestión de los transportes en el escenario negavatio, coautora de Quatre Outils français d’analyse de la qualité environnementale des bâtiments. Mise en oeuvre et comparaison, La Documentation française, París, 1999.
Yvan Saint-Jours (p. 90), jefe de redacción del bimestral La Maison écologique.
Thierry Salomon (p. 72), presidente de la asociación Negavatio.
Hermann Scheer (p. 94), diputado socialdemócrata en el Bundestag, presidente del Consejo Mundial de Energía Renovable y de la Asociación Eurosolar, Premio Nobel alternativo 1999 por sus escritos e iniciativas.
Peter Schilken (p. 86), encargado de proyectos en Energie-Cités.
Mycle Schneider (p. 30), periodista y analista independiente, especializada en política y energía nucleares.
Agnès Sinaï (pp. 12 y 14), escritora y periodista, catedrático en el Instituto de Estudios Políticos de París; coautora de la serie documental Paradis perdus, Arte, 2006.
Jean Sivardière (pp. 24 y 78), presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Usuarios del Transporte.
Laurence Tubiana (p. 68), directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales y de la cátedra de Desarrollo Sostenible de Sciences Po París.
Michel Urvoy (p. 58), periodista, responsable de la sección de economía y agricultura del diario Ouest-France.
Dominique Vidal (pp. 10 y 54), periodista de Le Monde diplomatique, coautor, junto a Alain Gresh, de Cien claves para comprender Oriente Próximo, Paidós, Barcelona, 2004.
Lionel Vilain (p. 76), agrónomo, asesor técnico para la agricultura en France Nature Environnement, dirigió la publicación de La Méthode IDEA. Indicateurs de durabilité des exploitations agricoles, Educagri, París, 2003.
Alain Zecchini (p. 48), biólogo de la conservación y periodista científico, autor del libro Le Rhinocéros. Au nom de la corne, L’Harmattan, París, 1998.
Emmanuelle Bournay, geógrafa y cartógrafa, coautora de Vital Waste Graphics, Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente - Convención de Basilea, 2004.
Laura Margueritte, cartógrafa.
Cécile Marin, geógrafa y cartógrafa, coautora del Atlas de l’océan mondial, Autrement, París, 2007.
Philippe Rekacewicz (p. 82), geógrafo y cartógrafo, autor del Atlas mondial de l’eau, Autrement, París, 2003.