Grecia, la crisis y el teatro


Grecia, la crisis y el teatro

Por Panos Skourouliakos

Actor y director de escena, director de la Escuela de Teatro del Pireo.

 

Una mujer muy vieja de apetito insaciable obliga a sus descendientes a trabajar como esclavos para alimentarla. El país sufre: manifestaciones, paro, quiebras. Pero el monstruo cada vez pide más. La familia se deshace, vende todo lo que tiene, la nieta se prostituye… "La Nonna" todavía tiene hambre. Uno por uno, todos mueren alrededor de ella, que se queda sola, y no tiene otra solución que devorarse a sí misma.

Telón y aplausos. No hay nadie entre el público que no vea la metáfora. Basta con salir del teatro, la realidad es tan brutal como la ficción: las calles están desiertas en Atenas, las tiendas cerradas, los hospitales ya no tienen material ni las escuelas calefacción… “La Nonna” encarna la crisis, el poder político que ha condenado a un pueblo a servir de cobaya para el laboratorio del neoliberalismo en Europa. “No se trata simplemente de una representación, sino asimismo de un documental”, explica Dimitri Piatas, el director de esta obra de Roberto Cossa que transcurre en la Argentina de la crisis.

La gente viene al teatro para relajarse un rato y animarse. Bajo la ocupación alemana (1940-1944), a pesar de la miseria y la censura, los teatros estaban llenos. Bajo la dictadura de los coroneles (1967-1974) también. En la actualidad, aunque las tiendas, empresas y fábricas cierren, nacen nuevos lugares y nuevos crisoles del mundo del teatro.

El sindicato de actores ha cambiado de dirección. Profesionales de sensibilidades políticas diversas, preocupados de gestionar su futuro por sí mismos, han sustituido a los militantes remunerados –de una sola orientación política– elegidos por afiliados que obtuvieron el carné gracias a sus estudios o a su pasado antes que a su actividad de comediante. Ya era hora: la patronal pidió que se bajara el salario mínimo (que, por otra parte, ya no se respetaba) de 1.200 a 700 euros. El conflicto condujo a una primera huelga el 28 de diciembre, secundada exitosamente.  

A decir verdad, los propios actores o técnicos del teatro están a menudo obligados a financiar las representaciones, “regalando” su trabajo. En vez de recibir un salario, los empresarios ofrecen pagarles con un porcentaje de los ingresos. En estas condiciones, más vale elegir obras que tengan pocos personajes…

El Estado, por su parte, está ausente. El Teatro Nacional, que ha visto reducir su presupuesto, intenta transformar la austeridad en convicción artística. Lo cual no es muy convincente. Bob Wilson no tiene estos problemas. El rumor habla de un coste de un millón de euros por su Odisea, que no ha entusiasmado a todo el mundo. Una estrella única, que desaparece en el vacío.

El empobrecimiento es general: los teatros subvencionados se asocian con el sector privado para sobrevivir, las provincias ya no tienen teatro, pero los actores reaccionan, al igual que Ulises, y dan muestra de “mezcla”, de inteligencia ingeniosa. Se convierten en productores, forman cooperativas, definen un teatro de crisis. Buscan lugares alternativos, actúan en bares donde la consumición sustituye a la entrada, pero también en talleres, en tiendas, desde panaderías hasta galerías de arte pasando por garajes, almacenes y zaguanes de edificios. La compañías colaboran, y comparten los escasos ingresos… Para quienes prefieren quedarse en casa, la crisis ha traído “el teatro a domicilio”.

En el circuito tradicional, el precio de las entradas se halla en caída libre: los productores han adoptado la política de las promociones. Algunas noches, se puede obtener por diez euros una localidad que cuesta veintidós. Para los parados, hay precios reducidos y en ocasiones hasta entrada libre.

Este marco inédito no puede garantizar que todo el mundo tenga trabajo, pero al menos proporciona a algunos la posibilidad de mantener la dignidad de un proyecto artístico. Y el público puede descubrir trabajos que buscan con integridad formas renovadoras, totalmente alejadas de las producciones televisivas, actualmente desaparecidas, y del tipo de actuación propia de la telerealidad. 

Estas transformaciones en marcha no permiten definir cuál será el porvenir del teatro en Grecia. El cambio se está produciendo en todo un país. La verdad y la originalidad reemplazan al “glamour” de pacotilla alegado hasta ahora por los medios comunicación masivos. La profesión descubre que tiene derecho a reivindicar la exigencia y la honestidad de un proceso artístico, así como, por otra parte, su remuneración. La honestidad es lo que ha faltado en todas las elites en el poder desde la dictadura.

El teatro en Grecia es una de las pocas vanguardias de resistencia en el infierno de las moratorias: porque, en nuestro país, sigue siendo ante todo una forma de arte popular.

 


Le Monde diplomatique en español publica en la edición de febrero de 2013 un extenso dossier sobre Grecia, donde analizamos la realidad que está causando las políticas de recortes sociales, denunciamos el laboratorio del neoliberalismo en que se ha convertido el país helénico y ofrecemos alternativas desde la justicia social para salir de la situación. Grecia se ha convertido en un espejo para muchas sociedades.

http://www.monde-diplomatique.es/?url=articulo/0000856412872168186811102294251000/?articulo=5327b24d-dc33-43d2-a344-2d02dd6adbc9