Soldados indeseables en Marsella


Soldados indeseables en Marsella

 

Viernes, 7 de septiembre de 2012, por Philippe Leymarie

 

Presencia de militares en los barrios, ¡en Francia! La llamada de socorro de Samia Ghali, la senadora (PS) del departamento de Bocas del Ródano, el día del decimonoveno ajuste de cuentas con kalashnikov en uno de los barrios norte de Marsella, provocó –con toda razón– intensas quejas entre la clase política... y una gran discreción entre las filas de la defensa. Pero también incitó al Gobierno a preocuparse por el restablecimiento de una mínima seguridad en la segunda ciudad de Francia, con la reunión por primera vez de un consejo interministerial (diez ministros) sobre una ciudad, y el anuncio (clásico) de refuerzos de policías, gendarmes, magistrados, educadores, etc. A falta de atacar el mal de raíz: la pobreza y el paro, que han hecho del tráfico de drogas una economía de supervivencia para ciertos barrios de la ciudad.

 

“El Ejército no tiene cabida en el control de los barrios de nuestra república”, declaraba el presidente François Hollande, de viaje en España, el mismo día del llamamiento de Samia Ghali. “No hay un enemigo interno en Marsella (...).No hay lugar para el Ejército en los barrios”,  afirmaba por su parte Manuel Valls, ministro del Interior. Mientras que su compañero de defensa, Jean-Yves Le Drian, confirmaba que “no se prevé en ningún caso la colaboración del ejército en el mantenimiento del orden público en Marsella”.

 

Esta rauda aclaración revelaba un “republicanismo” fuertemente anclado en la izquierda (a pesar de que también forme parte del arsenal ideológico de gran parte de la derecha), y que consiste en diferenciar la actividad policial, vinculada con la justicia, en lo que concierne al orden y la seguridad interiores, y el papel de los ejércitos, encargados de salvaguardar las fronteras marítimas y aéreas, así como las acciones exteriores (los “opex”, como dicen los militares). ¡Cada cual a lo suyo!

 

 

Militarización de hecho

 

Pero estas tímidas declaraciones, esencialmente políticas, no consiguen hacer olvidar que el tradicional reparto de papeles ya no es tan evidente como solía ser:

 

-         desde hace quince años, de acuerdo con el plan antiterrorista Vigipirate, grupos de soldados patrullan en las estaciones, aeropuertos y lugares frecuentados por el público, pese a que su eficacia se cuestiona con frecuencia;

-        los gendarmes, militares por su estatuto, su cultura, su formación y su disponibilidad, ya están presentes en ciertos barrios urbanos: la antigua clave de reparto territorial –la policía en las ciudades, la gendarmería en las zonas rurales– se ha visto seriamente alterada en estas últimas décadas;

-         las compañías republicanas de seguridad (CRS), unidades del Ministerio del Interior de estatuto civil, se han militarizado de hecho (grados, disciplina, armamento, etc.);

-         los gendarmes móviles –cuyo equipamiento es generalmente más impresionante que el de los soldados– pueden ser requeridos para intervenciones en los barrios, como notoriamente ocurrió en las revueltas en Seine-Saint-Denis en 2005.

 

Cabe señalar de paso que ése no es el problema actual en Marsella, donde la “paz social” no está en peligro, al contrario que en ciertas ciudades o barrios de otras partes de Francia. Para ciertas malas lenguas, esta relativa “paz” –exceptuando los peligrosos ajustes de cuentas entre dealers, en medio de la población– se debe también al hecho de que la policía evita en gran medida inmiscuirse en los barrios “difíciles”...

 

Y a ello hay que añadir que la tendencia a la “militarización” de la policía (que se realiza en combinación con la gendarmería, puesto que ambos cuerpos dependen desde 2010 del mismo Ministerio del Interior) corresponde igualmente a una escalada de la potencia de su armamento, para hacer frente a la creciente utilización de las llamadas armas “de guerra” en el medio criminal. Y esto es lo que principalmente motivó el llamamiento de Samia Ghali: “Actualmente, frente a los dispositivos de guerra utilizados por las redes, tan sólo puede intervenir el ejército”, declaró.

 

 

Uso legítimo

 

Si, para el Gobierno, el ejército no tiene cabida en Marsella, aparentemente la misma opinión sostienen muchos militares. Es destacable la argumentación del antiguo comandante de la Fuerza de Acción Terrestre, el general Jean-Claude Thomann (1), para quien el envío del ejército a los barrios, para restaurar el orden en ellos, se encontraría con múltiples obstáculos.

 

-         Es cierto que con la experiencia acumulada en el transcurso de las últimas décadas, del Líbano a Afganistán, pasando por Sarajevo o Abiyán, las fuerzas armadas francesas han adquirido una remarcable experiencia del control de la zona urbana (el “control de las masas).

-         Pero este savoir-faire siempre se ha practicado en circunstancias de quiebra general del Estado de derecho (felizmente Francia todavía no se encuentra en tal fase).

-         Incluso en las situaciones excepcionales que prevalecen en las operaciones exteriores, se han asociado, siempre que ha sido posible, destacamentos de la gendarmería, que es la fuerza de seguridad militar, con la acción de fuerzas terrestres enfrentadas a las revueltas (como en Mitrovica, en Kosovo).

-         Frente a los ataques de las masas manipuladas, se ha desarrollado un concepto de intervención mixta ejército-gendarmería que respeta el papel y el mandato respectivo de los dos componentes: así, la gendarmería se encuentra en primera línea durante tanto tiempo como sea posible para no enfrentarse a la violencia derivada de los actos de guerra, que implican tiros y asaltos característicos.

-         El hecho de que los soldados no posean la cualificación de oficial de policía judicial (OPJ) es el primer obstáculo, legal, para el uso de fuerzas terrestres en las tareas de policía o gendarmería: el mantenimiento del orden frente a civiles necesita la presencia de personal cualificado judicialmente para realizar un “uso legítimo” de la fuerza, en represión de crímenes y delitos.

-         El vínculo entre ejército-nación es cada vez más tenue debido a la falta de reclutamiento, la desaparición de lo militar en el entorno familiar, el desconocimiento generalizado de la institución militar, las dudas respecto a la necesidad de una herramienta de acción externa y la ausencia de amenaza militar en nuestras fronteras.

-         La imagen de las fuerzas armadas francesas es buena porque apenas molestan; pero desplegarlos en nuestras ciudades cambiaría totalmente tal visión. Ahora bien, independientemente del fundamento, un control eficaz de la zona por parte de las fuerzas armadas es uno asunto muy serio para quienes lo sufren, tanto para los inocentes como para los culpables.

-         No olvidemos a este respecto las lecciones de nuestra historia: ya sea para reprimir a los viticultores de Languedoc en 1907 o a los mineros en 1947, el uso de fuerzas armadas en el territorio nacional para el mantenimiento del orden siempre ha generado duraderas oleadas de antimilitarismo.

 

 

Último recurso

 

En resumen, el general (jubilado) concluye que los militares deben mantenerse como “el último recurso, como lo prevén la Constitución y el ‘Estado de urgencia’, cuando todos los otros medios ya no permitan al Estado asumir sus responsabilidades”.

 

Mientras tanto, el ejército se entrena... en el combate urbano. Así, del 17 al 19 de septiembre de 2012, según ha comunicado el Ministerio de Defensa, el primer regimiento de Spahis (la caballería nativa de las colonias francesas incorporada al ejército) se desplegará en toda la ciudad de Valence (Drôme) para efectuar un ejercicio operacional de gran envergadura: nada menos que 800 hombres y 120 vehículos de todo tipo realizarán sus maniobras en plena ciudad.

 

El escenario responde a un objetivo de preparación operacional en vista de las diferentes proyecciones del regimiento en operaciones exteriores y permitirá asimismo reforzar el entrenamiento y el savoir-faire del regimiento en zona urbana y entrenarlo en el procedimiento de evacuación de los ciudadanos. En definitiva, un ejercicio de “neutralización de los combatientes” permitirá también el entrenamiento de los reservistas de la brigada. “Este entrenamiento, en tiempo real, se ejecutará gracias al apoyo y a la cooperación de la ciudad de Valence”, explica el comunicado de los militares.

 

Notas:

(1) «L’armée et l’ordre dans les cités», artículo de opinión en Le Figaro, 3 de septiembre de 2012.