Irlanda, la gota que colma el vaso


 

A la búsqueda del próximo Syriza

Irlanda: la gota que colma el vaso

 

En Irlanda, el partido nacionalista Sinn Féin (aliado tradicional de Syriza) podría sacar provecho de un panorama político en descomposición durante las próximas elecciones legislativas (véase “A la búsqueda del próximo Syriza” en el número de mayo de Le Monde diplomatique en español). Pero la principal amenaza para las políticas de austeridad ha tomado una forma más inesperada: el rechazo generalizado de un impuesto sobre el agua corriente.

 

Por Renaud Lambert, mayo de 2015

 

El 24 de julio de 2014, el diario británico The Guardian se preguntaba acerca de uno de los misterios de la crisis europea: “¿Por qué los irlandeses reaccionan de forma tan calmada? (1). Erigida durante mucho tiempo como parangón del éxito liberal (2), Dublín cayó en picado durante la debacle financiera: el déficit presupuestario alcanzó el 32% de su Producto Interior Bruto (PIB) en 2010, lo nunca visto. Sin embargo, la pequeña isla esmeralda conserva su estatus de modelo. No sólo el país se impone una cura de austeridad de una violencia no habitual sino que, además, la población sale a la calle para manifestarse sólo en contadas ocasiones. En abril de 2009, el ministro de Finanzas irlandés Brian Lenihan se felicitaba: “Nuestros compañeros en Europa están impresionados ante nuestra capacidad para soportar el dolor. En Francia ya habrían tenido revueltas (3).

En 2015, el Estado continúa promocionando la imagen de un país apático, que tiene como segunda divisa nacional la expresión local “Feck it, sure it's grand” (“No te preocupes, todo irá bien”), impresa en delantales, tazas o pijamas para bebés a la venta en tiendas de recuerdos. Y, sin embargo, sugiere la periodista Kathy Sheridan, “Irlanda ha despertado (4)”.

 


El 19 de diciembre de 2013, el Gobierno aceleró la aprobación de una ley que preveía la implantación de un tributo sobre el consumo de agua corriente. Desde entonces, los habitantes del país de la cerveza Guinness no han dejado de estar contrariados. Desde las primeras semanas de 2014, se organizaron protestas en Dublín, Cork y en otras muchas más ciudades del país. Esta cuestión se convirtió en un gran reto en el marco de las elecciones europeas de mayo de ese mismo año. El 3 de octubre, un grupo que se oponía al impuesto ocupó el ayuntamiento de Cork. El 1 de noviembre, 120 000 personas se manifestaron en todo el país. El 10 de diciembre, eran 100 000 las que se reunieron ante el Parlamento en Dublín: llevado al ámbito de la población francesa, el número habría ascendido a 1,5 millones. El 21 de marzo de 2015, la multitud era de nuevo de 80 000 personas en la capital. Los eslóganes denunciaban el nuevo impuesto sobre el agua, las políticas de austeridad y las connivencias políticas, todo a la vez. Porque a nadie se le escapa la relación entre estas tres cuestiones.

Para el gobierno, la medida tendría como objetivo poner fin a una “anomalía”: Irlanda se distingue del resto de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que facturan todos ellos el consumo de agua. Sin embargo, hay “otras anomalías” de las cuales parece que no merece la pena que nos preocupemos, comenzando por el nivel excepcionalmente bajo del impuesto sobre sociedades, establecido en Irlanda en el 12,5% frente a la media de 25,9% en Europa.

Esta iniciativa del Ejecutivo manifestaría incluso una preocupación ecológica: recurso limitado, hay que proteger el agua. Sin embargo, la escasez de esta molécula no es algo que sensibilice a muchas personas en un país donde parece caer a modo de densas cortinas varias veces al día, a lo que hay que añadir que el tributo que finalmente se ha impuesto –una tarifa que no aumenta según el consumo– apenas fomenta la moderación.

Así pues, las explicaciones de los dirigentes políticos hacen reír más aún cuando el nuevo impuesto, como todo el mundo sabe, resulta de una exigencia de la “Troika” en el marco del plan de “rescate” adoptado en 2010. “A fin de cuentas, se trata de una nueva forma de hacernos pagar por los banqueros que han causado la crisis”, concluyó Ruth Coppinger, diputada del Partido Socialista (trotskysta).

A pesar del insolente crecimiento –un 4,8% en 2014 (5)–, la población sigue sufriendo las consecuencias de la austeridad. Basándonos en las cifras más recientes, en 2013, un tercio de la población se encontraba en situación de “privación forzosa”, caracterizada por la “insatisfacción de dos o más necesidades básicas (…) como la alimentación, la calefacción y la ropa acondicionada para el invierno” (6). La cifra fue tres veces menos elevada en 2008 antes de que estallara la crisis. Para muchos, el impuesto –llevado a una horquilla situada entre 60 y 160 euros desde las movilizaciones de otoño (7)– constituye un gasto inaceptable porque resulta imposible de afrontar.

Para otros, este episodio demuestra que la cultura de la connivencia entre élites políticas y económicas que precipitó la crisis (8) ha sobrevivido a todo esto. El Gobierno ha asignado la instalación de contadores de agua en todo el país a una empresa que pertenece al magnate de los medios de comunicación Denis O'Brien, generoso donante del partido Fine Gael (derecha, en el poder en coalición con el Partido Laborista) y una de las encarnaciones más caricaturescas de una parte de la patronal irlandesa poco preocupada por el interés general. ¿Coste total de la operación? Alrededor de 540 millones de euros (9) para mediciones del consumo que no comenzarán antes de siete años aunque los contadores muestran que su vida útil se limita a... diez años. Ha habido otras inversiones más fáciles de justificar.

Financiada en el pasado por los impuestos y gestionada por las autoridades locales, se ha confiado la distribución de agua a la sociedad semipública Irish Water, cuya constitución en julio de 2013 costó 86 millones de euros en gastos de consultores. Incluso antes de enviar sus primeras facturas, que llegaron a los buzones de los hogares irlandeses en abril de 2015, la empresa había organizado un dispositivo de confortables bonificaciones para sus dirigentes (hasta el 19% del sueldo para el puesto en el nivel más elevado de la jerarquía). “Y todo el mundo se espera que sea privatizada próximamente”, nos explica un manifestante ante la sede de la sociedad el 1 de abril de 2015.

Así que todo parece haber sido concebido para irritar a los irlandeses. El grado de éxito no da menos muestra de ello. Junto a organizaciones políticas como la Alianza Anti Austeridad (AAA), unida al Partido Socialista, o la campaña Right2Water (“derecho al agua”) –que reúne, entre otros, a los sindicatos y al partido Sinn Féin–, se han creado numerosos comités un poco por todo el país, que a veces reúnen a personas no politizadas hasta este momento: parados o trabajadores pobres ya asfixiados por la austeridad; miembros de las clases medias superiores con conciencia ecológica, que no tendrían nada en contra frente a la idea de un impuesto sobre el agua si éste no estuviera contaminado...

En algunos pueblos se organizan concentraciones espontáneas para impedir que se instalen los contadores. Por Internet circulan vídeos que explican cómo sabotearlos (10). Según Irish Water, un tercio de la población habría rechazado registrarse aunque la fecha límite haya sido aplazada en varias ocasiones –un boicot que ha puesto en un compromiso al partido Sinn Féin.

En un primer momento, el dirigente histórico del partido, Gerard "Gerry" Adams, declaró que pagaría su propia factura de agua. ¿Su estrategia? Explicar, en primer lugar, que este impuesto sólo podría ser abolido si un partido contrario a la austeridad llegara al poder –el Sinn Féin, por ejemplo. Pero, en segundo lugar, su estrategia es evitar que se le reproche el incumplimiento de la ley, un reto importante para una formación que intenta desligarse del Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés).

No es convincente. En Tallaght, un barrio popular de las afueras de Dublín donde todo indicaba que el Sinn Féin ganaría las elecciones parciales en octubre de 2014, el candidato del Partido Socialista, Paul Murphy, fue elegido finalmente gracias a un discurso mucho más comprometido en el tema del agua que el de los nacionalistas. Espoleado por los militantes más jóvenes de su partido, a menudo más a la izquierda, Adams ha vuelto desde entonces a su posición: desde ese momento en adelante, el Sinn Féin invita a que cada uno actúe como le parezca, sin dar más especificaciones.

Según la opinión de sus partidarios, que recuerdan que no se enviará ninguna sanción por impago antes de quince meses, el boicot constituye el único medio para asegurar que la cuestión del agua –y, a través de ésta, la de la austeridad– se imponga como uno de los temas principales durante los próximos comicios, que tendrán lugar entre octubre de 2015 y abril de 2016.

“Para la mayoría de la gente, explica el periodista irlandés Paddy Prendiville, este impuesto es la paja de más
(11). ¿La paja? La que, en inglés, rompe la espalda del camello (12). Los francófonos y los hispanohablantes, por su parte, tienen una imagen que no habría podido reflejar mejor la situación irlandesa, la de la gota de agua que bastaría para colmar el vaso,.

Renaud Lambert




(1) Séamus A. Power y David Nussbaum, “The Fightin’ Irish? Not when it comes to recession and austerity”, The Guardian,24 de julio de 2014.

(2) Véase “Las cuatro vidas del modelo irlandés”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2010.

(3) Citado por Anne Lucey, “Europe ’amazed’ at steps taken in budget – Lenihan”, Irish Times, 27 de abril de 2009.

(4) Kathy Sheridan, “Review of 2014: The year the citizens broke”, Irish Times, 27 de diciembre de 2014.

(5) Una cifra ampliamente exagerada por la actividad de las multinacionales que se aprovechan de Irlanda para “optimizar” su carga fiscal.

(6) Suzanne Daley, “A New Irish Rebellion, This Time Against Water Fees”, The New York Times, 25 de marzo de 2015.

(7) Frente a alrededor de 280 euros para un hogar con dos adultos y dos niños antes.

(8) Véase “Las cuatro vidas del modelo irlandés”, op. cit.

(9) “Cost of water meters underestimated by €107 million”, TheJournal.ie, 23 de noviembre de 2014.

(10) Véase, por ejemplo, en YouTube “Water Meter Sabotage”, o incluso “Removing a water meter”.

(11) Suzanne Daley, op. cit.

(12) N. de la T.: haciendo referencia a la expresión inglesa “the final straw”.