El nacimiento de la ópera en lengua árabe


El Nafas y Les Jours et les Nuits de l'Arbre Coeur, de Tarik Benouarka

 

 

El nacimiento de la ópera en lengua árabe

 

 

Por Marina Da Silva, 6 de noviembre de 2015

 

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La ópera, que vio la luz del día en Italia a principios del siglo XVII, conquistó rápidamente Europa y, a continuación, se desarrolló con sus formas singulares por todos los rincones del planeta. Se erigieron teatros de ópera en las grandes ciudades del norte de África y de Oriente Próximo, entonces bajo influencia francesa y británica. El más conocido es el de El Cairo, que Verdi inaugurará con Rigoletto en 1869 y donde interpretará Aida en 1871.

 

La ópera de El Cairo sigue siendo en la actualidad la más grande del mundo árabe, por delante de las de Omán y Bahréin. Sin embargo, hasta hoy en día, ninguno de esas prestigiosas salas programaba óperas en lengua árabe. Las cosas están cambiando con la llegada del argelino Tarik Benouarka a este paisaje no reservado a todos los públicos. En 2013 compuso y dirigió en el Teatro Nacional de Argel El Nafas (El Aliento), la primera ópera escrita en lengua árabe. Más tarde vuelve al panorama lírico con Les Jours et les Nuits de l'Arbre Cœur (Los días y las noches del Árbol Corazón), una ópera-ballet cuyo estreno tuvo lugar en El Cairo el 30 de septiembre de 2015 y que ha sido  interpretada en versión concierto este 5 de noviembre en la sala Gaveau, en París, antes de continuar su gira.

 

La interpretación de esta obra excepcional, que fusiona la música sinfónica clásica, la danza en su máximo esplendor, la poesía y el canto lírico árabes, corre a cargo de una orquesta sinfónica de músicas egipcias invidentes. Mohamen Saad Basha las dirige y las acompañan dos grandes voces líricas –la soprano Racha Rizk y el tenor Ragaa Eldin–, además del actor sirio Fares El Helou –en el papel de narrador– y de un coro, con una puesta en escena de Gilbert Désveaux.

 

Les Jours et les Nuits de l'Arbre Cœur es un poema elegíaco inspirado en una leyenda. Pone en escena a Nour y a Amal, junto a El Voyageur (el viajero) –que narra y recita la historia–, así como a Les Muses de la création (las musas de la creación), en un lugar indeterminado en los confines del espacio. Nour y Amal, que han recorrido caminos diferentes, van a encontrarse bajo el árbol Cœur, con poderes sobrenaturales, guardián de la entrada a un mundo imaginario... Van a revelarse el uno al otro como dos astros creados para existir juntos. Esta historia alegórica también simboliza el deseo del artista de encontrar un lenguaje musical común entre Oriente y Occidente.

 

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Tarik Benouarka nació en Argel en 1966. Su madre, música amateur, lo introducirá desde muy temprano en la música clásica y debe a su padre, uno de los fundadores del Movimiento Nacional Argelino (MNA), una historia familiar muy implicada en la lucha por la independencia. Fue educado en la representación de una Argelia poderosa, tolerante, un auténtico laboratorio político donde se inventaba una no alineación que ya no existe en la actualidad. Se alimentó de música y de poesía árabe y occidental: Oum Koulsoum y Farid El Atrache, Nazim Hikmet y Mahmoud Darwich, el jazz en todas sus declinaciones. Se formó escuchando y el lenguaje de la música pasará a ser tan importante y necesario para él como las palabras. Una forma de vivir, una fuerza para expresar lo que no puede decir de otra forma. Mediante la interpretación de todo tipo de música –clásica y contemporánea– y la composición para el cine, para la publicidad y para el espectáculo en directo se enriquece de todas sus diversidades.

 

En su historia personal, tras la tragedia argelina de la “década negra”, el 11 de septiembre va a ser un nuevo elemento determinante, marcador de la demonización de los musulmanes y de los árabes que continúa acentuándose. “Sólo se escucha a los detractores de un islam que concierne a mil millones y medio de musulmanes”. Contra este fenómeno, quiere mostrar que ser musulmán es una forma de vida y una filosofía y que el islam ha aportado mucho al mundo, entre otras cosas, la abstracción, noción principal en el ámbito de las artes.

 

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Además, trabaja con los grandes mitos de la humanidad, a la vez que busca salir de los mitos greco-romanos y del pensamiento judeocristiano. En El Nafas ha querido destacar los valores y el imaginario árabe situando la obra en la época antigua de la Arabia próspera para poder hablar del imaginario del desierto. El autor se impregnó de este imaginario a través de la poesía sufí, para la cual “cada ser tiene un desierto en sí donde camina solo, independientemente de si se cree o no en la trascendencia, en un más allá después de la muerte”. Para él hay denominadores comunes en la música del mundo árabe y occidental, pero también hay modos y temporalidades diferentes: “Lo real sólo es real de verdad en el recuerdo. Estamos permanentemente conectados con tiempos diferentes”.


Su deseo de crear una ópera en árabe viene también de las ganas de formular preguntas a este género  impulsado en primer lugar por las elites panarabistas que, tras las independencias, quisieron importar valores occidentales sin intentar dirigirse a su pueblo. “'Ópera' es una palabra polisémica que significa muchas cosas: arquitectura, estilo musical... reúne el ballet, la dramaturgia. La ópera tiene algo de gran refinamiento pero yo no veo en ella ningún tipo de preciosismo”. También escribe sus propios libretos con el objetivo de que puedan llegar a todos los públicos: “Escribir la primera ópera en árabe conlleva responsabilidades. Quiero respetar el trabajo de los grandes músicos árabes, en cuya tradición yo me incluyo, pero me inspiro de las formas literarias, musicales y filosóficas de los dos mundos. Como un tallador de piedra que ha viajado por todo el mundo pero talla su piedra con precisión”.

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Todas las fotografías son de Elsayed Abdelkader